Letná, más que un parque

Ahora sí. Una vez encendidos los motores creo que no tengo más opción que empezar por Praga que ha marcado un antes y un después en mi vida (puros motivos personales). La capital de la República Checa es una de esas ciudades que engancha. He aquí el motivo por el cual es una de las ciudades más visitadas de Europa y del mundo, con millones de turistas que hacen su aparición, sobretodo, a partir de Semana Santa. cuando el tiempo empieza a mejorar. Aún así, os aconsejo que si podéis, visitéis la ciudad antes de esa época porque, aunque vayáis a pasar frío, la podréis ver en su máximo esplendor.

Sin duda, uno de los mejores lugares de Praga es el Letná Park. Quizás no sea uno de los lugares típicos, pero es, y de muy lejos, el sitio con la mejor vista de la ciudad (y gratis). Situado en la otra orilla del río Moldava (lado contrario al Barrio Judío y a la Plaza Vieja) se debe subir unas escaleras para llegar hasta él o en su defecto coger el tram número 22.  Una vez allí uno puede contemplar esto:

Una vista, como vemos, que deja anonadado a todos los que suben hasta allí. de hecho,el Letná es un parque frecuentado tanto por turistas como autóctonos. En los meses de más frío predominan los turistas disfrutando de las hermosas vistas, pero a medida que el sol aparece, también lo hacen los checos, y el biergarten abre sus mesas para disfrutar de una buena Pivo con unas vistas que le dan mejor gusto a la cerveza, sus gentes empiezan a correr y a pasear los perros por el parque. Además, en realidad, en verano, el Letná se convierte en la playa privada de los checos. Una playa, eso sí, sin agua, pero una playa donde pega el sol de valiente.

Durante la época comunista, en la explanada principal se erguió una estatua de medidas desproporcionadas dedicada al culto de Stalin. Se tardaron tantos años en construirla que en poco tiempo tuvieron que volarla con quilos y quilos de dinamita ya que el periodo soviético ya había terminado. Actualmente, todavía se puede distinguir la inmensidad de la explanada y en su sitio se ha colocado un metrónomo gigante que, dicen algunos, representa el carácter tranquilo de los checos.

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