El Cristo-rey de Lisboa

Más allá del río Tajo, que atraviesa Lisboa, hay vida, aunque técnicamente ya no sea considerado la ciudad. Desde cualquier parte que da al río, se puede ver como una figura observa la capital portuguesa. Una estatua impasible al paso del tiempo protege la ciudad. Es el Cristo-rey, situado en el cerro de Almada, el pueblo de enfrente.

Para llegar a esta colosal estatua de cien metros de altura que abre los brazos a cualquiera que se acerque, se tiene que atravesar, primero, el río. Y no hay mejor manera que a través de barcos que salen desde la estación Cais do Sodre. Un camino de aproximadamente quince minutos pero que da a un el tiempo para degustar y redescubrir la grandeza del Tajo.

A nadie se le escapa que este Cristo-rey es la copia del Cristo Redentor que hay en Río de Janeiro. Cuenta la historia que el cardenal de Lisboa cuando viajó a Brasil quedó deslumbrado por la belleza del cristo. Entonces decidió que Portugal también se merecía tener uno. Hoy en día, el cristo representa, para los portugueses, la paz que evitó que el país entrase en la II Guerra Mundial.

Desde los cien metros de altura, la vista que uno puede observar es de aquellas que entrecortan la respiración. Siempre me han gustado las alturas. Aunque me den respeto, creo que desde arriba siempre se tiene una de las mejores perspectivas ya que se pueden ver muchas cosas que no se pueden apreciar desde abajo. Aquí el paisaje coge una fuerza impresionante, minimizando a los coches y las personas. Delante, podemos observar Lisboa entera a nuestros pies. Uniendo la capital con Almada está el famoso puente 25 de Abril, símbolo de la ciudad. A la izquierda el río continua su curso hacia el Atlántico que se puede ver si se tiene la suerte de subir un día soleado.


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