En Budapest, es oro todo lo que reluce

“No es oro todo lo que reluce”, dice el dicho, aunque en el parlamento de Budapest más bien es al contrario: es oro todo lo que reluce allí dentro. Sin lugar a dudas, el parlamento de la capital de Hungría es uno de los edificios más bellos del mundo. Situado a orillas del gran Danubio, en el lado de Pest, tiene unas medidas desproporcionada, 691 habitaciones, que lo convirtieron cuando se acabó en 1902 en el parlamento más grande del mundo. Hoy en día, pero, se sitúa en tercera posición, solo superado por los parlamentos de Rumanía y Argentina.

Pero el Parlamento no es la excepción en aquella ciudad. Al contrario, tan sólo es un edificio más de aquel Imperio Húngaro que dominó media Europa. Paseando por el Barrio de Pest uno se da cuenta de la magnificencia de aquellas casas, entrando en la Ópera uno se puede trasladar al siglo XIX, descubriendo que el metro de Budapest fue el primero de Europa uno se puede hacer a la idea de la importancia de aquel país. Un país que terminó sucumbiendo pero que dejó perlas arquitectónicas de gran valor.

Es más que recomendable la entrada al edificio (gratuita para los ciudadanos europeos, eso sí, después de una larga cola), aunque la visita deja muchos sitios por visitar. Nada más entrar, el visitante se encuentra con una estampa curiosa: una maqueta hecha a escala con cerillas. Eso sí, lo que de verdad impresiona es la escalera principal, decorada con cantidad de oro que deslumbra y con una alfombra roja. Una imagen impresionante, más digna de palacio imperial que de parlamento.

Aunque el interior del parlamento deja atónito a todo aquel que entra, la belleza de este edificio neo-gótico se encuentra, claramente, en el exterior. Con una cúpula que domina la ciudad (ningún edificio puede superarlo en altura), el parlamento es el símbolo de la ciudad, ofreciendo una de las imágenes más bellas y más fotografiadas. Tanto desde la otra orilla de la ciudad, Buda, como desde el Bastión de los Pescadores, como desde el Olimpia Park, tanto de día como de noche iluminado, el parlamento de Budapest es de esas maravillas que, sin saber como, los humanos son capaces de crear (y conservar).

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