La ciudad medieval: Carcassonne

Cuando nos cuentan cuentos de princesas salvadas por caballeros nos viene a la mente un escenario que podría ser perfectamente el de Carcassonne. Si uno pasea por las calles de esta ciudadela, no es difícil imaginarse caballeros medievales luchando por su honor, horcas donde quemar brujas y ladrones por doquier, mercados ambulantes con herreros afilando espadas para reyes y un sinfín de imágenes que representan al detalle la Edad Media que, seguro, se vivió aquí también.

Y es que Carcassonne (Carcasona en castellano) se levantó en una colina entre Perpiñán y Tolouse el 800 a.C. y desde entonces ha sabido superar el paso del tiempo, conservándose en perfecto estado durante siglos, siendo el pueblo eminentemente medieval mejor conservado de Europa.

Carcassone es una ciudadela fortificada que consta de una doble muralla y 51 torres de vigilania por las que uno puede subir. En época de nobles y caballeros, las murallas solo servían de defensa, pero hoy en día, desde allí arriba se observa una de las mejores vistas de la zona con los campos de vid a sus pies.

Cuando entramos por la puerta de las murallas retrocedemos en el tiempo sin quererlo. Nos adentramos en la Historia, en mayúsculas. En esa que fue escrita por los ganadores. Por estas calles empedradas, ahora solo llenas de turistas, pasearon e intercambiaron sus productos miles de comerciantes. Y es que Carcassonne fue durante años punto de intercambio no solo comercial, sino también cultural.

A día de hoy, poco queda ya de ese interés comercial que hizo grande a Carcassonne. Más bien al contrario, la ciudad está repleta de turistas que se aglomeran para poder sacarse su propia fotografía entre artesanos y juglares que representan la vida de antaño. Aún así, la ciudadela fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO el 1997. Y aunque muchas veces estancarse en el tiempo no suena bien, a Carcassonne no le ha ido nada mal.

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