El coloso romano

A veces nos creamos imágenes mentales y creemos que son reales. A veces, vemos  tantas veces una misma fotografía que tenemos la sensación de haber estado allí. A veces, nos cuentan tantas veces una misma historia que, aunque no la recordemos, nos  la hacemos nuestra y entonces empezamos a dudar si la hemos vivido o es todo sujeto de nuestra imaginación. Y a veces pasa eso mismo con una ciudad, con una persona, con un monumento. En mi caso, fue con el Coliseo Romano, o mejor le deberíamos llamar por su nombre real, Anfiteatro Flavio.

Todavía me acuerdo cuando lo vi. Giré aquella esquina y apareció allí, justo delante mío. Tan bello él, tan en su sitio, tan casi intacto, tan igual a todas las fotos y vídeos que había visto que me decepcionó. Sí, debo admitirlo. Me decepcionó porqué conocía casi cada perfil suyo, había interiorizado su interior, había paseado mentalmente por allí, había recreado esa imagen tantas veces que la ficción superaba la realidad.

Pero más allá de mi propia sensación, no puedo negar que el Anfiteatro Flavio es sin lugara dudas la estrella de Roma. Es su icono a nivel mundial, el símbolo del Imperio Romano, de los orígenes de la cultura occidental.  Construido durante el siglo I d.C, con sus 80 filas de gradas, podía albergar hasta 50.000 espectadores (superior a algunos campos de futbol) que se desplazaban hasta allí para ver la lucha entre gladiadores, leones y tantos espectáculos que el César ordenaba. El Coliseo tuvo unos 500 años de vida activa. Y desde entonces, hasta el siglo XIX todo fue decadencia.

Hoy en día, cuando uno ve ese edificio casi intacto, se ve asombrado y se pregunta como puede haber sobrevivido tantos años. No solo ha conseguido superar el simple paso del tiempo, pero siempre traicionero, sino también se ha superpuesto a las diferentes civilizaciones que pasaron por Italia, las guerras que se disputaron en esos territorios, la lucha de poderes…

A veces, la imaginación nos juega malas pasadas y las imágenes reales son peores que las que nos habíamos creado en nuestra mente. A veces las cosas suceden así, pero entonces, entonces debemos darnos cuenta que lo que tenemos delante de nosotros es historia, que aunque no sea como esperábamos está allí para que todos puedan contemplarlo.

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