El emblema de Barcelona, la Sagrada Familia

Sin lugar a dudas toda ciudad tiene un icono que la hace inconfundible: London no es nadie sin su Big Ben, París es Torre Eiffel muy a pesar de algunos parisinos, la estatua de la Libertad es Nueva York, Río de Janeiro equivale al Cristo Redentor y Barcelona…Barcelona es Gaudí, es modernismo, es Sagrada Familia.

Pocos monumentos aún por acabar levantan tanta pasión como lo hace este edificio situado en el medio del Eixample barcelonés. Cientos de autocares se paran en una de sus dos entradas provisionales, miles de turistas hacen cola para ver la obra que consagra  al catalàn Antoni Gaudí. Gaudí ese nombre repetido a escala mundial, ese hombre que hizo de la naturaleza la esencia de su arquitectura.

Gaudí tiene cientos de detalles esparcidos por una Barcelona y unos turistas que se rinden a sus pies, pero ninguno puede compararse a la Sagrada Familia,esta obra que a ojos catalanes no terminará nunca. Empezada en 1882 no se espera que sea hasta 2030 que termine su construcción.

Permítanme ser un poco escéptica respecto a la fecha puesto que aún queda mucho por hacer. Tanto que cuando uno ve en el museo cómo debe ser el templo dentro de 18 años se da cuenta que no va a ser nada parecido a lo que tenemos en mente. Falta todavía por construir la fachada principal y, sobretodo, una torre central que llegará a los 170 metros y que distinguirá la ya inconfundible Sagrada Familia.

Pero sin lugar a dudas lo que impresiona de este edificio es su interior: un altar en el centro con un Jesucristo colgado, una infinidad de columnas que se levantan imponentes y unas vidrieras de colores que le dan un toque alegre a un edificio que desprende autoridad por todo.


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