El puente de las cadenas, el rey del Danubio

Hace un año estaba yo a puntito de descubrir una de las ciudades más impresionantes de centro-europa, de esas que tienen historia por doquier, de esas que forjaron nuestro mundo: Budapest. Estaba a punto de montarme en un autobús y tragarme 7 horas para llegar a la ciudad del Danubio, a la ciudad del Gulash.

En su día ya os hablé del Parlamento, ese coloso que se levanta a orillas de uno de los ríos más famosos. Pero es que debo volver a Budapest, no sólo para recordar el aniversario de mi visita, sino también porque el Puente de las Cadenas Széchenyi se lo merece por su belleza, por su saber estar y por unir dos ciudades que en su día no se querían.

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Este es un puente colgante de 380 metros de largo,aunque su principal característica, y la que le da nombre, es que el puente no se aguanta con cables sino por eslabones rígidos de cadenas. Los trabajos de construcción se iniciaron en 1839 y en 10 años se produjo su inauguración. De esta manera, se convertía en el primer puente sobre el Danubio en territorio húngaro y ha llegado hasta nuestros días como el puente más famoso de todo el río. Hasta su levantamiento sólo había dos maneras de cruzar al otro lado: o con barcas o esperando al gélido invierno para atraverse a caminar sobre sus congeladas aguas  o  cruzarlo en coche de caballos. ¡Toda una aventura de riesgo!

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Pero como siempre, los humanos tendimos a destrozar las cosas. El Puente fue reconstruido después de que durante la Segunda Guerra Mundial fuese dinamitado por el frente alemán. Del puente original sólo sobrevivieron los pilones anclados en el río. El puente se reconstruyó y se volvió a inaugurar en 1949, para festejar el centenario de su construcción. Aún así, cuando visitamos Budapest tenemos ante nosotros un puente de sólo 60 años que, probablemente sea el más bonito que cruza el Danubio. Por cierto, no os podéis perder por nada del mundo el puente iluminado, toda una preciosidad.

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