Todos tenemos rincones…

Todos tenemos rincones donde escondernos, poner la cabeza debajo del ala y dejarnos llevar.  Dejarnos llevar y simplemente poder limitarnos a respirar. Respirar y vivir. Nada de sobrevivir, sino vivir que es mucho más emocionante, da mucho más de sí. Y girar en torno a nosotros mismos durante segundos, o minutos, o incluso horas porque en esos lugares el tiempo es un concepto que se desintegra y deja de existir. Todos tenemos rincones donde poder encontrarnos, sentirnos más nosotros mismos, más personas, más humanos.  No vernos con la necesidad de fingir, ni mentir, ni aparentar, ni odiar, ni luchar, ni sobrevivir. Simplemente apretar el botón de pausa en la vida, y sentarse, y contemplar el mundo, y dejar que todo corra. Todo menos tú. Y observar, y apuntar, y memorizar, y fotografiar, y sentir, y escuchar, y respirar, y vibrar, y sonreír y, por qué no, querer.

Todos tenemos rincones que se quedan con algo de nosotros. Dejamos partes de nosotros en los lugares donde nos atrevemos a respirar profundamente, a sentir, a vivir, a ser feliz.. Dejamos partes de nosotros esparcidas por esos lugares como lo hace un autor cuando pone el punto y final en cada relato, como lo hace un fotógrafo cuando aprieta el botón para captar esa recuerdo que está a punto de ,morir, como lo hace un jardinero cada vez que riega sus plantas, como lo hace un médico cada vez que ayuda al que lo necesita. 

Todos sabemos de la existencia de esos lugares, pero muy pocos los hacen suyos. Muy pocos se atreven a subir a las alturas, a esconderse en refugios que están a la vista de todos, a abrir ventanas que dan a la nada, a dibujar imágenes sinsentido, a componer la melodía de su vida, a pararse en medio de la multitud y observar, y apuntar, y memorizar, y fotografiar, y sentir, y escuchar, y respirar, y vibrar, y sonreír y, por qué no, querer. 

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