¡Brindemos por las pequeñas decisiones que nos acercan a la felicidad en minúsculas!

A veces un mínimo detalle te demuestra que estás haciendo lo correcto. Cuesta que pase, todavía más distinguirlo y discernir qué quiere decir, pero después de arriesgar, de dudas, de quizás, de nos, de nuncas y de me he equivocados, te das cuenta de que todo ha valido la pena. Incluso lo malo, las lágrimas y los miedos. Incluso los desengaños, los cansancios y las ganas de tirar la toalla. Todo ha valido la pena porque llega un día que te despides pero, aún así, sonríes porque sabes que tú estás en el sitio que toca. Y eso es lo importante. Estás aquí porque es lo que tú has decidido, por lo que has luchado y por lo que quieres seguir haciendo. Nunca niego el pasado y nunca lo haré, pero es que uno no decide dónde ser feliz, uno  lo es y punto. Y después de años de dudas, de titubeos, uno se da cuenta de donde está su sitio. Y yo, ahora, soy feliz en una ciudad que hay días que se me antoja inalcancable y otros que parece hecha a medida.  

Y entonces, cuando aceptas las cosas, es cuando disfrutas de la felicidad en minúsculas. Esa que descubres cuando estás bien contigo mismo. Esa que, a veces, viene y va a su antojo, pero cuando se queda te deja una sonrisa constante y una tranquilidad que muy pocas veces puedes repetir. Y ahora parece que la felicidad en minúsculas ha decidido hacer acto de presencia y regalarme pequeños momentos para no olvidar.Ha aparecido para darme el placer de leer por placer, para dejarme rememorar momentos con fotografías que todavía no me había dignado a mirar, para dejarme escribir para luego recordar momentos, para cantar canciones de esas que aumentan tu nivel de buenrollismo, para tomar cervezas que dejan un falso sabor a libertad, helados que se derriten en las manos y granizados que refrescan hasta sentimientos. La felicidad en minúsculas ha venido con sandalias que muerden, con música de verbena en los auriculares, con medallas de gominolas, con habitaciones con olor a verano, con sandías que no son mallorquinas pero que dan el pego, con siestas en un sofá pegajoso, con planes de viajes que no sé si llegaré a hacer. ¡Ay, felicidad en minúsculas! Me has dejado una sonrisa imborrable y una piel un poco más morena. ¡Ay, felicidad en minúsculas! Espero que hayas llegado para quedarte el máximo tiempo posible.

¡Brindemos! ¡Brindemos por las pequeñas decisiones que nos acercan a la felicidad en minúsculas!

 

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