Domingo

Domingo eres ese día que no debería existir. Ese día que se debería tachar y dejar olvidado en algún lugar remoto. No deberías ser nada más que una ilusión, un temor, una pesadilla con la que asutar a los niños. Nunca nos hemos llevado bien. Eres melancólico, aburrido, triste. Eres dramático porqué llevas inherte las despedidas en ti. Eres monotema, impersonal e irritante. Tedioso, infinito y malvado. Eres todo lo que alguien no querría vivir.

Domingo deberías no ser. Nunca me traes nada bueno. A tu lado siempre pasea la palabra incertidumbre. Ahora que todo esto que acaba de empezar está tan cerca de llegar a su fin, Domingo, te conviertes en el día de dudas. De qué hacer con mi vida, de qué vivir, de dónde situarme, de qué escoger, de qué no-escoger. Domingo eres súmamente odioso. Te odio con todas las fuerzas porqué me traes la añoranza, el cansancio, las pocas ganas de continuar. Me llenas de falsas esperanzas. Domingo, consigues que los recuerdos más felices se conviertan este día en los más amargos. No sé cómo lo logras, pero conviertes la felicidad en nostalgia.

 

 

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