Praga, eres arte musical

Cada ciudad por la que paseas tiene una melodía inherente a ella misma. Unos acordes que sólo son en la medida en que suenan en esas calles. Cada ciudad tiene su propia canción o incluso, las más atrevidas, tienen una banda sonora entera que te estremece cuando la escuchas en otro lugar. Acordes que parece que sólo se pueden relacionar con un escenario. Música y arquitectura, y sensaciones, y respiraciones, y pensamientos, van cogidos de la mano.

Saxofonista

Hay ciudades que son artísticas aun sin quererlo, sin hacer nada, sin ni siquiera planteárselo. Simplemente son arte en estado puro. Y por arte, entiende el diccionario de la RAE: “Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.”

Pues eso, que mi añorada Praga es arte. Una infinidad de artes. Es arte arquitectónico, arte literario, arte fotográfico, arte callejero, arte teatral, y, como no, arte musical. En Praga descubrí el placer del Jazz, el placer de ser capaz de parar tu mundo, tu vida y escuchar. Escuchar Jazz y música en lugares muy variopintos: en bares con sólo 10 sillas, en calles estrechas a media noche, en puentes abarrotados con innumerables turistas, como el Charles Bridge, en parques que dan a ríos, en colinas con las mejores vistas.

Porque Praga no es sin Jazz, el Jazz no es sin Praga, y yo no soy sin Praga.

Charles Bridge

Artista

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