Domingo (II)

A los domingos siempre les pegan las melodías melancólicas y, no sé porqué, también las de Antònia Font. Da igual lo que digan, pero simplemente me demuestran que tengo raíces, porque parece ser que algunas veces se me olvida. Llevo tantos años en un sitio, y tan pocos en otro, que supongo que es normal. Supongo, pero, que los domingos todavía me evocan esos domingos que pasaban volviendo del pueblo, con un sol que se ponía detrás de esa Sierra de Tramontana que siempre me ha impresionado cuando la veo desde un avión. Y no me puedo olvidar de una barriga llena a más no poder, como si no hubiese un mañana. Y sólo con tres o cuatro ejercicios todavía por hacer que se podían resolver en cosa de una hora.

Y ahora los domingos, como digo, se caracterizan por melodías melancólicas y las que no lo son pues cogen esa forma. Supongo que la rutina dominical barcelonesa no se ha sabido imponer y sigo echando de menos, a mi manera como siempre. Supongo también, que Barcelona es demasiado triste, gris y fría los domingos. Supongo que la he hecho yo así.

Y como no, supongo que tampoco ayuda que en el aleatorio suene una canción que lleva por título “Miss me”. Porque no ayuda. Pero que quede claro, no echo de menos, sino que es como si los domingos me obligasen a hacerlo.

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