La maleta

Pero es que joder yo quiero pensar sólo en hoy, a mucho estirar en esta noche y a lo sumo mañana. Y aquí estoy, haciendo lo que odio más desde que me encontré en esta ciudad: traslados y maletas. Porque mi vida, desgraciadamente, se divide en habitaciones, traslados, compañeros de piso y maletas que viajan de Mallorca a Barcelona y de Barcelona a Mallorca. Y así suma y sigue.

Y, joder, quiero pensar sólo en hoy. En este sofá rojo o en la cama verde. En que las sillas de casa están desordenadas pero qué más da porque no va a entrar nadie en este piso. Quiero pensar que los pósteres de la habitación quedarán colgados allí para siempre. O hasta que me dé la gana a mí.

Pero no es así. Agosto se está terminando y yo empiezo. Vuelve a empezar el nuevo año. Siempre lo he pensado, los años empiezan en setiembre. Nada de eneros. Los eneros son tan falsos que creo que les he cogido alergia como mínimo. Supongo que es porque la verdad  todo lo que realmente me importa empezó un setiembre. Y todo seguirá así. Pues eso, que se acerca un setiembre y yo estoy delante de esta maleta azul, teniendo que pensar ya en enero. Un enero que ya he repetido hasta la saciedad que no tengo ganas de que aparezca.

Estoy con esta maleta vacía que tengo que llenar con cosas que me sobrarán en Pekín. Pero joder, yo aún estoy aquí y aquí no me sobra nada. NADA. Porque ahora hasta lo que parece más imperfecto me hace feliz. El conjunto es lo que siempre me importó. Y así sigue siendo.

Sabéis, a veces me da por escribir, así seguido, sin releermelo. Suelen ser los textos más mierda, pero los que más se acercan a lo que pasar entre las conexiones de estas neuronas.

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