Diría que sí

Y diría que sí a todo. A desaparecer bajo un manto de mantas que nos hundiesen en la cama y nos dejasen sólo el alma al rasero de dos cuerpos que no necesitan nada más para calentarse que el ser y el estar. Diría sí a que me hicieses cosquillas hasta que el sol se muriese de la rabia y de la envidia y te llevase lejos. Pero aun así, el viento me traería las carcajadas que salen de tu yo más yo, más nosotros. Diría que sí a abrazos caducos y perennes, porque ya no existirían las contradicciones. Diría que sí a abrir libros y no cerrar ninguno, a dejarlos todos en un punto muerto, un sin retorno que revivir y al que volver con sólo girar la cabeza a ambos lados. Porque tendríamos infinidad de estanterías en las que ni tú, ni yo, ni el dios más grandioso osase buscar(nos). Diría que sí a escribirnos cuentos añejos sin apenas pensar pero sintiendo cada uno de los trazos con los que adornaríamos las palabras y las historias que nos harían a nosotros. Diría sí a viajes sin equipaje y sin transporte, sólo tú y yo, y algún animal que dibujásemos en nuestras mentes y que a ratos nos serviría de compañía y otras nos estorbaría. Sí a comer hasta hartarnos de patatas hervidas con miradas, de crêpes con abrazos y de fideuás con sonrisas. Diría que sí a que me pintases Picassos, pandas o palabras en cada una de las curvas de mi espalda, porque te pertenecen desde ese instante en que divisaste ese lunar que asoma tímidamente tras la curva del hombro izquierdo. Aceptaría desaparecer y hacer de la eternidad un momento lleno de inmensa fugacidad, para ser conscientes de que lo mejor que podemos hacer hoy es contar todos los lunares que adornan nuestros cuerpos.

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